
Esto también se da en cualquier tipo de competición no deportiva, en cualquier tipo de éxito, logro o hazaña. Cuando logramos un objetivo, cuando conseguimos algo, cuando queremos mostrar nuestra alegría por una buena noticia que llega o que estábamos esperando, apretamos el puño o lo agitamos al aire como signo de triunfo. ¿Por qué hacemos este gesto al mostrar nuestra alegría por el éxito?
Este gesto es totalmente atávico, consustancial a la especie humana. No lo inventó alguien, no es una tradición impuesta por ninguna cultura. Es un producto de la alegría desbordada, de la repentina constatación del éxito, de la satisfacción plena, de la felicidad por el conocimiento de una noticia ansiada. Es lenguaje corporal en su estado puro, que sale de nuestro adentro de forma espontánea, casi automática.
Realmente es una reacción física. Nuestro cuerpo, que ha estado durante mucho tiempo en tensión, expectante, atendiendo la llegada de la noticia, del logro, del resultado, cuando este llega por fin se dispara, se libera toda la tensión acumulada en un zarpazo del brazo del brazo que se estira hacia el cielo, como en la foto que acompaña este artículo, mientras el puño se cierra apretando con toda la fuerza de la tensión contenida.
En muchos casos el gesto se acompaña de movimientos repetidos, continuados, insistente. La repetición siempre indica insistencia, refuerzo del gesto. Más alegría que se desborda, más tensión que se libera. Golpe a golpe, el puño en alto indica al mundo la inmensa felicidad que nos embarga y que queremos compartir con ese mundo.
Este último matiz es muy importante. El gesto es un gesto individual, casi reflejo, que haríamos en cualquier circunstancia, que hacemos muchas veces aunque nos encontremos solos. Y sin embargo el matiz de compartir la alegría es importantísimo. A pesar de ser individual y de que lo hacemos incluso en solitario, el objetivo involuntario e inconsciente del gesto es mostrar nuestra alegría. Mostrársela a los demás. De hechgo muchas veces se le muestra el puño a otras personas, con las que queremos compartir especialmente la victoria conseguida, a las que queremos trasmitir nuestra felicidad.
Hay veces que la compostura de la situación no nos permite expresar libremente este sentimiento, ya sea por tratarse de una situación formal o por poder considerarse una falta de respeto hacia los demás. Pero incluso en esas situaciones se puede hacer el gesto de una forma discreta: apretando el puño discretamente a la altura de la cintura, casi sin agitarlo, durante unos breves segundos, pero con suficiente intensidad como para liberar la tensión. En muchos casos buscaremos la mirada de alguna otra persona con la que queremos compartir nuestra alegría.
Es importante saber que no debemos confundir este gesto con el significado político del puño en alto. Ese es un gesto totalmente diferente: pausado, estático, muy meditado, y nada espontáneo. Casi no es un símbolo de lenguaje corporal, es un símbolo político establecido históricamente, y que no tiene nada que ver con el gesto de expresión corporal espontánea del que hablamos en este artículo.
En definitiva, dejemos a nuestro cuerpo expresarse y levantar el puño cuando queramos expresar, al mundo o a nosotros mismos, la alegría por el logro conseguido, por el éxito, o por la noticia que por fin nos llega tras esperarla expectantes. Dejemos a nuestro cuerpo expresar sus sentimientos por sí mismo.
Estas ideas sobre levantar el puño en alto en señal de alegría no han sido más que un pequeño consejo sobre un aspecto de lo que se puede hacer con la comunicación no verbal. Para aprender más sobre el lenguaje corporal, de forma sistemática, estructurada y práctica, no dudes en realizar un Curso de Interpretación del Lenguaje Corporal
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